Presentación

Este es el blog de Carlos y Alicia, en donde os mostraremos las salidas a la montaña que realicemos solos o con nuestros compañeros y amigos.

miércoles, 10 de abril de 2013

Vía Ferrata Peña Rueba


En nuestro segundo día de viaje y visto como andaban los caudales de la zona, decidimos dejar los barrancos para otra jornada y acercarnos hasta la localidad zaragozana de Murillo de Gállego para conocer la vía Ferrata de Peña Rueba. La subida  a Peña Rueba es una excursión que mezcla senderismo, dos vías ferratas y una larga cresta que cae vertiginosa sobre el río Gállego.
Llegamos a Murillo y aunque el día es gris, por lo menos no llueve. Seguimos el indicador  a la ermita de la Virgen de Liena. A los 300 metros, en el siguiente indicador a la ermita, tomamos a la derecha un amplio camino de tierra. Ya en la pista, accesible con cualquier vehículo aunque un tanto pedregosa, pasamos por delante del muro de una casa y más adelante llegamos a  dos balsas artificiales. La pista pasa ahora a ser de tierra y como las recientes lluvias la han dejado muy embarrada decidimos aparcar al lado de la segunda balsa. Ya a pie, y con las botas llenas de barro, continuamos hasta que nos topamos con un barranco. Unos metros más atrás y antes de llegar a una curva muy cerrada a izquierdas sale una pista señalizada con un hito y triángulos rojos y amarillos que nos encontraremos durante toda la travesía. La pista rápidamente se convierte en una pequeña senda que va a parar al pie de la Cueva Calva, una formación característica de Peña Rueba. 



Un poco antes de la cueva el sendero se bifurca, si tomábamos el camino de la derecha subiríamos por la Ferrata de la Mora, pero nosotros  seguimos a la izquierda, camino de la Ferrata Varela Portillo.
La aproximación a la Ferrata Varela Portillo es larga. Desde la Cueva Calva seguimos al norte rodeando Peña Rueba tendiendo a ir siempre a la izquierda. Perdemos altura para cruzar un barranco y subimos por la loma de enfrente hasta llegar a unos paredones inclinados y lisos. Aquí damos con el paso natural de la Faja Varela-Portillo.


El camino gira bruscamente al este donde tenemos visible al fondo un espolón, inicio de la ferrata y la cresta de Peña Rueba. Ya tan solo nos falta caminar por un prado y subir por un pronunciado pedregal hasta encontrar a la derecha las primeras grapas después de una hora y media de aproximación. Nos ponemos el arnés un poco temerosos con respecto al tiempo, pues el cielo cada vez es más negro y amenaza con lluvia.



La vía se inicia por un  espolón y una placa bastante verticales, pero bien equipados con cadenas y alguna grapa. Algún paso un poco largo nos obliga a salir a la roca buena de conglomerado. En esta zona, la más compleja de todo el recorrido, es cuando la lluvia hace apto de presencia, obligándonos a ponernos los chubasqueros. Alternando pasos de escalones y cadenas accedemos a la espectacular cresta, justo a tiempo de echar una mirada a la otra parte del valle, pues en escasos minutos la niebla y las nubes lo han cubierto todo, no dejándonos disfrutar de las impresionantes vistas que debe de haber desde el lugar.


Pero no tan solo la niebla nos acompaña en el recorrido, si no que por momentos hasta nos cae granizo y la lluvia nos acompañara gran parte del recorrido. La progresión por la cresta, muy aérea, está protegida por un cable, llevándonos en poco tiempo  a la cima de Peña Rueba,  donde encontramos un buzón en donde dejar nuestra firma.


Para descender por la Ferrata de la Mora, descendemos por un sendero siguiendo las marcas de pintura y los mojones. Al poco el terreno se hace rocoso y va cogiendo verticalidad, encontrando las primeras cadenas y el cable de vida. Descendemos por un muro compacto, realizando varios zigzags.


Es en esta parte cuando el tiempo nos da una alegría, pues la niebla y la lluvia que tan rápido hicieron apto de presencia por fin van desapareciendo, dejándonos tener  unas impresionantes vistas de los Mallos de Riglos y de todo el valle.


Al llegar a un collado se puede subir a una aguja equipada, pero tan solo Alicia se animó a ascenderla. Desde el collado giramos a la derecha y descendemos por terreno menos rocoso ayudados de algún escalón, cadenas y cable hasta el pie de la pared.


Tras finalizar la Ferrata de la Mora, seguimos una buena senda que va bordeando la base de las paredes, ayudados siempre por las marcas de pintura amarillas y rojas hasta llegar de nuevo a la Cueva Calva, lugar donde aprovechamos para recuperar fuerzas. Ya tan solo nos queda regresar por el camino de subida hasta el lugar en donde tenemos el coche después de casi 5 horas de actividad.
Si bien teníamos intención de realizar una segunda vía ferrata en Riglos, la lluvia nos echó para atrás en nuestros planes, decidiendo volver poco a poco para el camping haciendo algo de turismo, visitando entre otras cosas el bonito pueblo de Ansó.

              


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