Presentación

Este es el blog de Carlos y Alicia, en donde os mostraremos las salidas a la montaña que realicemos solos o con nuestros compañeros y amigos.

lunes, 14 de enero de 2013

Llasca de Los Moros



La Llasca de Los Moros es una presa natural, aparentemente artificial debido a la perfección en el dibujo de lo que parecen sillares de piedra, que se encuentra cercana al recóndito pueblo de Bustriguado (Valdaliga).
El día 5 de enero, aprovechamos para ir a conocer la cascada y hacer una corta ruta circular por los alrededores del pueblo, antes de volver  a casa a esperar la llegada de los Reyes de Oriente.
Salimos del final del pueblo (Alicia, Carmen, Belén y yo) por una buena pista que sube valle arriba hasta una bifurcación, perfectamente señalizada a la izquierda. Cruzamos el Arroyo de Bustriguado y continuamos por el margen izquierdo del arroyo, siguiendo otra pista de menor entidad, aunque en buen estado. Pronto llegamos a un curioso puente sobre uno de numerosos afluentes del Arroyo Bustriguado.


Alcanzamos una zona de prados en donde acaba la pista, continuando por un sendero muy marcado y acondicionado en algún momento, que en poco tiempo nos lleva  a un mirador desde el que damos vista a la Llasca de Los Moros. El agua se desliza por una pulida laja de piedra, fracturada y encajada de tal manera que cuesta trabajo creerse que sea producto de la naturaleza y no haya sido construido por los hombres.


Decidimos continuar valle arriba y no volver por el camino de ida, atravesando un frondoso bosque hasta llegar a la confluencia con el Arroyo Zarzosa, lugar en donde encontramos alguna que otra bonita cascada.


Cambiamos totalmente de rumbo, dirigiéndonos hacia unas cabañas cercanas en busca de la pista que nos lleve de nuevo al pueblo. Atravesamos varios prados y en el camino nos encontramos varios ejemplares de roble monumentales que nos sorprenden gratamente.


Una vez en la pista emprendemos el camino de bajada, en donde coincidimos y charlamos con algún lugareño que colaboró con el SCC en la exploración de la Cueva del Soplao. Según nos comentaba, de él era la cabaña en la que el grupo dormía y en donde se montaban buenas juergas. Después de un buen rato de agradable charla nos despedimos y en pocos minutos llegamos de nuevo al pueblo, desde donde vamos a mirar un par de galerías mineras (Galería Nueva y Galería Vieja) que nos indicaron los lugareños.
Estas galerías pertenecen a las minas del Soplao, estando en la actualidad una inundada y la otra cegada a los pocos metros por un desprendimiento.
De esta forma concluíamos una bonita jornada por Bustriguado, quedando pendiente el realizar una visita guiada, por los amables lugareños,  para conocer un poco más la historia minera del Soplao.

               

sábado, 5 de enero de 2013

Cueva Mur


El día 30 de diciembre de 2012, y como última actividad deportiva del año, aceptamos la invitación que nos hizo el Club Cota Mínima Cantabria para visitar Cueva Mur, situada en la localidad de Ramales. Esta iba a ser una salida multitudinaria para celebrar el fin de año, según nos comentó Ivan, pero al final y después de que le fallara bastante gente, en el aparcamiento de Covalanas y con puntualidad británica, estábamos 15 espeleólogos venidos desde diferentes puntos del país. Tras las oportunas presentaciones nos pusimos camino de la boca de Cueva Mur sobre las 10:45, empezando la visita escasos minutos después.
A pesar de ser un grupo muy numeroso para visitar una cavidad, la progresión era bastante rápida y las esperas se hacían bastante cortas y amenas, plantándonos en pocos minutos en el largo y molesto laminador.


Después de descender un pequeño resalte, superamos el pasamanos que da acceso a la cabecera del pozo que nos deposita en la parte baja de la Gran Sima. Una vez abajo y después de superar la embarrada Cascada, hacemos una visita a un bello rincón de la Sala del Campamento.


Continuamos la visita superando la Sala de la Cascada hasta llegar a la Sala del Caos, lugar en donde aprovechamos para comer algo, antes de emprender de nuevo la marcha decididamente hacia el Paso de los Retales.


Superado este incomodo paso, nos encontramos con la bella Galería del Coral, que es un buen premio al esfuerzo realizado para superar la dichosa gatera.


En la Sala de los Cristales hacemos un pequeño reagrupamiento comentando como nos fue a cada uno en el Paso de los Retales, antes de afrontar la parte final de la visita, superando la incomoda Galería de los Guantes que nos lleva a la parte alta del pozo de la Gran Sima.

                     

Ya tan solo nos queda el desandar el camino de entrada, para a eso de las 15:00 horas estar de nuevo en la puerta de entrada de la cueva, después de una bonita, divertida y rápida visita para ser un grupo tan numeroso.

                     

Ya de nuevo en el aparcamiento de Covalanas abrimos  unas botellas de sidra, que gentilmente había donado "güela" Carmen, para brindar y desearnos una buena entrada de año.

               

jueves, 3 de enero de 2013

Monumento Natural de las Sequoias del Monte Cabezón


Después de visitar la Vía de Pelurgu  nos acercamos a conocer el Monumento Natural de las Sequoias del Monte Cabezón, dando un paseo de poco más de media hora para conocer tan singular lugar. La parcela, de 2,5 hectáreas de superficie, está compuesta por 848 pies de Sequioa sempervirens y 25 pies de Pinus radiata.
La singularidad que hace acreedor de especial protección a este bosquete de sequoias radica en que se trata de una especie inhabitual en Cantabria, muy poco común formando masas en estado  seminatural en España, capaz de alcanzar proporciones enormes y una gran longevidad.


La parcela de sequoias del monte Cabezón se plantó en la segunda mitad de los años cuarenta del siglo pasado. Aunque ahora pueda resultar inesperada su presencia en este ambiente costero de Cantabria, su existencia responde a las circunstancias concretas de un período histórico marcado por la intención gubernamental, en el marco de la política autárquica del régimen franquista, de restringir al máximo la dependencia exterior, y los gastos que conlleva la factura de importaciones.
El deseo de dar al monte una mayor preponderancia en tanto generador de riqueza y recursos económicos, y la opción de las plantaciones como fórmula para solucionar los problemas forestales del país es incluso anterior. Ya en 1926 la Ley del Plan General de Repoblación había recomendado especial atención a las especies de   crecimiento rápido y a su localización en las provincias cantábricas, debido a la importante disponibilidad de terrenos baldíos, y a las favorables condiciones climáticas.
Las primeras plantaciones en la región, con eucalipto, aparecen en el entorno de Torrelavega, y su madera se utiliza en un principio para el entibado de minas y la construcción. La fundación de SNIACE en 1939 es resultado de una política proteccionista respecto a los productos forestales con destino al sector industrial. La localización en Torrelavega se ve favorecida por el potencial del territorio costero inmediato para el cultivo del eucalipto.

                     

La creación del Patrimonio Forestal del Estado, la constitución del Servicio de Montes en 1938, y la aprobación del Plan General de Repoblación en 1939 son algunas de las medidas adoptadas para favorecer el empeño de ampliar la superficie arbolada del país.
En el año 1942 se constituyó el consorcio del monte Corona con el Patrimonio Forestal del Estado, dando comienzo al proceso de ordenación del mismo. Durante tres décadas la mayor parte de los terrenos de este monte, que incluían masas de frondosas y áreas de pastizal y matorral, fueron repoblados por especies foráneas, fundamentalmente Eucalyptus globulus y Pinus radiata y de forma experimental, a modo de ensayo y por tanto en parcelas mucho más reducidas, con roble americano (Quercus rubra), castaño japonés (Castanea crenata) o abeto de Douglas (Pseudotsuga menziezii). En ese contexto se plantan las sequoias del monte Cabezón, que perviven hoy como reflejo de aquella política forestal, de aquel momento económico, y de aquella actividad experimental a la búsqueda de las especies madereras más adaptadas a las necesidades de producción industrial. 



                     

SECUOIA SEMPERVIRENS
El nombre del género conmemora a Sequoiah, un indio cheroquee educado en Georgia que inventó un alfabeto para el dialecto de su tribu.
Se trata de un árbol muy robusto, de copa piramidal, que rebrota de raíz y en condiciones naturales supera con facilidad los cincuenta metros de altura, alcanzando con frecuencia el centenar. El tronco es derecho, muy grueso, de corteza oscura, esponjosa, profundamente fisurada, que puede alcanzar los cuarenta centímetros de espesor en los ejemplares añosos y se desprende en placas irregulares bajo las cuales aparecen otras nuevas de color rojizo. Las acículas, planas y de tono verde oscuro, se asemejan a las del tejo, y presentan como particularidad más notable dos bandas blanquecinas por el envés. Florecen al final del invierno para madurar las piñas, verdes primero y rojizas finalmente, en el otoño siguiente. Las flores masculinas son amarillas y las femeninas ovales y verdosas, de mayor tamaño.


La especie prefiere suelos frescos y profundos en ambientes húmedos con inviernos templados, pues aunque puede soportar fríos rigurosos se ve muy afectado por las heladas tardías. Es originaria del Pacífico de los Estados Unidos y se asocia en condiciones naturales con el pino de Oregón, arces y robles.
Quizás las dos características más definitorias de esta conífera, más allá del tamaño que alcanza, sean su longevidad (puede superar el millar de años) y su rapidez de crecimiento, que alcanza razones de 1,80 metros/año entre los cuatro y los diez años de edad. Produce una madera fácil de trabajar, de buena calidad, ligera, no resinosa y de tono pardo rojizo (redwood es su nombre americano), muy apreciada tradicionalmente en la construcción y para la elaboración de traviesas de ferrocarril. En Europa, donde fue introducida en 1843, se cultiva como árbol de ornamento en parques y jardines.

                


miércoles, 2 de enero de 2013

Vía de Pelurgu


Seguimos aprovechando el periodo vacacional navideño, para en esta ocasión acercarnos a conocer la Vía de Pelurgu, situada en La Gándara (Cobijón). Esta vía aprovecha el trazado de una antigua vía férrea, utilizada con fines mineros, que nos acerca desde la Casa de la Mina hasta el Pozo de Peña Montero.
Hay vestigios de que las minas de Udías fueron ya explotadas en tiempos de los romanos, pero lo que se dice industrialmente, no lo fueron hasta mediados del siglo XIX, primero por capital francés y luego belga (Real Compañía Asturiana de Minas). Como consecuencia de la caída estrepitosa del precio de los metales por culpa de la Gran Depresión estas explotaciones fueron cerradas en el año 1932.
Nos situamos en la Casa de la Mina (Alicia, Mónica, Belén, Jesús y yo) lugar donde hay un cartel indicador de la ruta. En este lugar se pueden ver las ruinas de los lavaderos, los servicios y las letrinas, y una inscripción nos da la referencia del año de construcción, 1928. A la izquierda de los servicios, muy tomado por la vegetación, se puede apreciar un antiguo túnel de ferrocarril minero, por el que llegaba el mineral de una mina próxima.
Comenzamos a caminar por la antigua trinchera del ferrocarril minero, dejando a nuestra izquierda una casa de grandes dimensiones y con un color azul claro, que en su tiempo fue la vivienda del director de la explotación minera. Pronto llegamos a un entronque de otro ferrocarril minero que viene de la mina de Sel de Haya, pero nosotros seguimos de frente atravesando un puente, continuando por la vía.


No tardamos en encontrar el primer túnel del trazado, en el que una buena linterna se hace necesaria, pues el túnel hace una curva y no se ve el final de él.

                       

Al atravesar el túnel, bordeamos el Hoyo de Pelurgu por el este y al poco encontraremos el segundo y último túnel, que al ser recto se puede apreciar perfectamente la salida.


Unos centenares de metros más y llegamos al Pozo de Peña Montero. Se conserva un magnifico castillete de hormigón con las roldanas de extracción, en el que todavía se distinguen las siglas RCA (Real Compañía Asturiana). Detrás del castillete se encuentra el pequeño edificio de la sala de maquinas, donde se encuentran los restos del cabestrante que servía para mover el cable.


Aquí termina la Vía de Pelurgu, pero como tenemos ganas de caminar más y el día es muy bueno, seguimos por la pista forestal que sigue en la misma dirección que traíamos y nos acerca hasta Cóbreces. Paramos para picar algo antes de continuar dando la vuelta a todo el Hoyo de Madroño. 



Después de comer en un pequeño collado desde donde se ve Comillas, continuamos caminando hasta llegar a una bifurcación que nos llevaría a rodear el Hoyo de Pelurgu. Nosotros optamos por seguir rodeando el Hoyo de Madroño y con ello volver al Pozo, desde donde, nuevamente, por el trazado del ferrocarril, volvemos hasta La Gándara, donde habíamos dejado el coche.