Presentación

Este es el blog de Carlos y Alicia, en donde os mostraremos las salidas a la montaña que realicemos solos o con nuestros compañeros y amigos.

jueves, 14 de agosto de 2014

Clue du Raton


Texto: Chus

A las 6:00 AM sonó el despertador y a ritmo de joselito comenzamos a prepararnos para uno de los barrancos más temidos de los Alpes Marítimos, el Clue du Raton, no solo por su dureza, si no por su gran riesgo de crecidas, que unido a lo estrecho que es en alguna parte de su recorrido, ha provocado varias muertes.

                           

A las 7:00 AM partimos desde la estación de ski de Valberg- Beuil, tras una hora andando por pista llegamos a l'Illion, desde donde comenzamos el descenso al cauce del río, llegando a él 1 hora y 30 minutos más tarde. La soledad en aquel lugar era de paz absoluta, tan solo perturbada por 5 barranquistas preocupados por el reto que iban a afrontar.


Sobre las 8:45 AM tomamos contacto con el agua del Raton, pero antes de empezar volvimos a mirar al cielo plagado de nubes, a partir de aquí, decidimos confiar en la previsión del tiempo y comenzar a disfrutar.


En la primera parte del barranco nos encontramos pequeños resaltes tallados en la característica roca roja de la zona, siendo fácilmente superables.


El caudal era bastante abundante y eso que no habíamos llegado a ninguna de las tres aportaciones que tiene el barranco, aunque más tarde descubrimos que apenas añadían agua.


Tras apenas haber descendido unas pocas cascadas, en una de apenas 2 metros de altura patiné, golpeándome contra una arista y rompiéndome una ceja. Ali me realizó un vendaje de emergencia y continuamos el descenso ya con los 5 sentidos en alerta.


Continuamos con el descenso, empezando este a complicarse. Cada vez encontrábamos tramos más encañonados y eso hacia que el agua ganara velocidad, complicando los destrepes y las recepciones de los rápeles. En alguno de ellos tuvimos que realizar algún rápel guiado para evitar ser engullidos por los remolinos.


Todos los rápeles del barranco están instalados con químicos e indicados con una chapa el número de rápel que te quedan por hacer (lo encontramos en varios barrancos durante nuestro viaje). Esto nos sorprendió, dado que tras más de 3 horas de descenso a buen ritmo, tan solo íbamos por el rápel 15, vamos, que nos quedaba algo más de la mitad.


La última parte del descenso es la más técnica, dado que hay algunas cascadas muy estrechas que terminan en marmitas, teniendo que realizar bastantes pasos en oposición.


Después de unas 5 horas 30 minutos de descenso pudimos ver en el puente del final a Luisa, que estaba un poco angustiada  por el retraso, y es que habíamos tardado bastante más de lo que en un principio calculamos, tanto en la aproximación como en el descenso.


Comentamos con Luisa las anécdotas y situaciones vividas dentro del cañón, para más tarde separarnos. Por un lado Fonso, Luisa y yo nos fuimos a buscar un centro médico para solucionar el problema de mi ceja, mientras Carlos, Ali y José Mari continuaron con su aventura dirigiéndose hacia el Challandre.

                

miércoles, 13 de agosto de 2014

Clue du Chaudan


Texto: Alicia

Día 3, después de que en la noche anterior nos cayese una gran tormenta el cielo está totalmente despejado, nos acercamos hasta la localidad de Entraunes para ver como iba de caudal el Chaudan. Aparcamos justo a la entrada del pueblo y cogemos una pista asfaltada que hace la aproximación dura en un primer momento, pues hay rampas de hasta el 22%. La subida ( 40 minutos aproximadamente) tiene unas vistas del valle impresionantes, disfrutando del recorrido y realizando una parada en el mirador para deleitarnos un poco y ver por fin el cauce del barranco.


Nos cambiamos en el puente que da acceso al barranco, dándonos cuenta al entrar que el agua se vuelve de color negro por los sedimentos. El descenso se inicia con una sucesión de destrepes y toboganes de poca altura hasta llegar a la confluencia por la derecha de un afluente que aportaba bastante caudal.


Los destrepes se suceden y tras una zona de andar aparecen los primeros rápeles obligados, alguno de ellos saltable o destrepable.


Esta zona es la más bonita de todo el descenso, pues encadenas rápeles sin apenas tiempos muertos. Además alguna de las cascadas es muy bonita.

                            

Llegamos a la gran cascada final de unos 27 metros, que se puede fraccionar o bajar  directamente, decidiendo hacerlo de una sola tirada, pues el agua no daba ningún problema en la marmita intermedia.

                            

Un largo destrepe pone punto y final al descenso (1 hora 40 minutos) cogiendo el camino bien marcado y señalizado que nos llevaría al coche. Durante el retorno (20 minutos) las moscas nos comen como si fuéramos miel, teniendo una buena pelea con ellas.


Comemos junto a los coches y sin mucha pérdida de tiempo nos dirigimos hacia la Clue d'Amen, segundo barranco programado para esta jornada, pero una vez en el aparcamiento comprobamos que va con más caudal que la jornada anterior, así que decidimos no entrar en el barranco y cambiar de valle, optando por ir a ver como andaba de caudal el Challandre.


En el trayecto del cambio de valle las puñeteras nubes vuelven a hacer apto de presencia, descargando varios y fuertes chaparrones. En una zona había caído agua de lo lindo y a 5 kilómetros hacia un sol de justicia, quitando las ganas de entrar en ningún barranco, decidiendo no jugarnos el pellejo e ir a realizar un poco de turismo al cercano pueblo de Valberg (en donde por fin Carlos consiguió la guía de barrancos) eso sí, viendo antes como iba de caudal el Raton, el reto para el día siguiente.

                


martes, 12 de agosto de 2014

Gorges de la Roudoule


Texto: Alicia

El Torrent d'Amarines nos dejó justo en el inicio de las Gorgues de la Roudoule, muy cerca del puente de inicio. Lo primero de lo que nos damos cuenta es de la gran cantidad de sedimentos que hay en el fondo de las pozas, enturbiando el agua al progresar y no dejando ver por donde pisábamos.


El caudal en una primera parte horizontal es normal, progresando rápidamente. El barranco se va encajando poco a poco, ganando en interés y belleza.


Destrepamos y saltamos todo lo posible, eso sí comprobando antes, aunque también tenemos que montar algún pequeño rápel.


Cuando llegamos a la altura del afluente Ravin du Croc vemos que este aporta gran cantidad de agua, encontrando en esta zona un rápel bastante bonito pero con una recepción agitada. Optamos por montar el rápel por fuera del agua, cayendo al agua justo después de toda la espuma. Una vez abajo encontramos el paso más bonito de todo el barranco, un gran puente de roca que une las dos orillas del cañón.


A continuación encontramos otro bonito rápel, para continuar con una zona de pequeñas cascadas y destrepes, dando vista ya al puente colgante donde en teoría están nuestros compañeros, muchos metros más arriba del cauce del río. Silbamos para ver si nos oyen y al poco se asoman Fonso y Luisa, que nos saludan desde lo alto del puente.


Pasamos por debajo de los puentes, encontrando la misma tónica que antes, rápeles pequeños y destrepes dentro de un buen ambiente.


El cauce se va abriendo progresivamente y después de andar unos 15 minutos damos vista al puente romano donde finaliza el descenso. Cogemos un sendero a mano izquierda que en apenas 15 minutos nos llevó a la carretera y al aparcamiento en donde nos esperaban Fonso y Luisa.

                           

Reponemos fuerzas y emprendemos el camino de vuelta hacia Gillaumes, con dos descensos realizados en el día a pesar de que la jornada comenzó bastante mal. Cuando llegamos al pueblo montamos un improvisado chiringito, sacando los toldos por si llovía pues el cielo estaba otra vez bastante gris. Poco tiempo después vimos como efectivamente otra vez volvía a llover, cayéndonos la del pulpo mientras preparábamos la cena, teniendo que refugiarnos los seis en la furgoneta de José Mari y Luisa para acabar de hacer los macarrones a la carbonara.

                 

lunes, 11 de agosto de 2014

Torrent d'Amarines


                           

Texto: Alicia

Nuestro segundo día en tierras francesas amanece con una tormenta bastante fuerte sobre las 6:30 de la mañana.Desayunamos y damos un paseo por la localidad de Gillaumes, realizando alguna compra y esperando que el día vaya mejorando. A media mañana ponemos rumbo hacia el Clue d'Amen, pero cuando llegamos al aparcamiento desde donde se ven las cascadas finales sigue lloviendo, evaluamos la situación y decidimos no entrar con esas condiciones.


Nos desplazamos hasta el cercano pueblo de Entrevaux, que es bastante turístico, tiene una gran muralla, una ciudadela y también coincidimos con un viejo tren de carbón que nos dejó maravillados.


Durante la visita al pueblo intentamos conseguir por segunda vez en el día (ya lo intentamos en Gillaumes) las guías gratuitas randoxygène sobre barrancos de la zona, pero en ambos casos estaban agotadas.


Como parece que el tiempo mejora decidimos acercarnos a ver la cabecera del Roudoule para evaluar caudal y llegado el momento decidir si entrar en él. Cuando llegamos al puente colgante en donde está el aparcamiento del final del barranco comemos algo, y como vemos que el tiempo se estabiliza decidimos entrar en el barranco, animados también al ver una pareja que salía del cañón y nos comentó, en un buen español, que no daba problemas.


Durante la comida, vemos en el libro de Carlos que podemos enlazar un pequeño afluente que termina justo en el comienzo de las Gorges de la Roudoule, el Torrent d'Amarines, decidiendo enlazar los dos descensos y así realizar una actividad más completa. Fonso y Luisa deciden no acompañarnos en el descenso, pero nos aproximan al aparcamiento de la cabecera.

                           

La aproximación al Torrent d'Amarines comparte la primera parte con la del Roudoule, pero en vez de meternos al cauce una vez llegamos al río, continuamos subiendo por un buen camino hasta llegar a un punto en donde nos debemos internar a la derecha en el bosque, por un sendero poco marcado que nos dejó en el cauce en apenas 25 minutos.


El Torrent d'Amarines es un barranco de iniciación con poco caudal, con fáciles verticales de hasta 20 metros, eso sí en alguna de ellas es necesario montar pasamanos recuperables pues las cabeceras están bastante expuestas.

                           

Es un barranco divertido, sin tiempos muertos, muy aconsejable para combinar con Roudoule, pues aunque en el libro ponía que se tardaba unas dos horas en su descenso, nosotros llegamos al puente que marca el comienzo de las Gorges de la Roudoule en una hora.